Análisis de Cairn, una carta de amor a la escalada y a la montaña en forma de ascensión inolvidable
Cairn es el término usado para referirse a ese pequeño montón de piedras que sirve para señalar las rutas de montaña. Y al igual que esta pequeña formación, el juego de The Game Bakers (Furi y Haven) también marca el camino a seguir dentro de un género único, la recreación de la escalada.
Como escalador y amante del montañismo tengo que decir que este juego de PS5 y PC está hecho a medida para un público muy concreto. Si te gusta la experiencia que supone estar en pleno contacto con la naturaleza, leyendo este análisis de Cairn entenderás por qué el juego logra algo único.
Y es que escalar montañas siempre ha sido una acción que ha estado presente en el videojuego. Celeste, Journey o Steep se han servido del aura de las cimas para transmitir sus inolvidables mensajes y títulos como Zelda Breath of the Wild y hasta Assassin’s Creed han recurrido a la escalada para desarrollar sus propuestas jugables.
Sin embargo, pocos juegos han puesto la escalada como su eje principal. Tuvimos Jusant, una pequeña y preciosa obra, o el fenómeno PEAK o White Knucke, pero es Cairn quien ha logrado ofrecer una visión más compleja, directa y emocional. Vamos con el análisis de Cairn para PS5 y PC:
La historia de Cairn, un conflicto emocional que escala poco a poco
El gameplay de Cairn, la escalada más competente hasta el momento
La dificultad de Cairn, un desafío al que darle cuerda
La duración de Cairn, una aventura profunda y rejugable
Precio, plataformas y ediciones de Cairn
La opinión de HobbyConsolas sobre Cairn
Nota: lo mejor y lo peor de Cairn
La historia de Cairn y su narrativa intimista
Al contrario que lo ocurrido con Jusant, la historia de Cairn no divaga tanto entre escenarios oníricos, sino que aborda un conflicto más personal. The Game Bakers construye un relato intimista centrado en Aava, una curtida y mediática escaladora que afronta el mayor reto de su carrera: ser la primera persona en coronar la cima del monte Kami.
La narrativa de Cairn va interconectándose con el gameplay mediante cinemáticas que sirven para conocer mejor a una Aava con una personalidad tremendamente marcada. Enclaustrada a nivel emocional y con un conflicto interno difícil de resolver, la escaladora se establece como un personaje complejo, que incluso puede caer mal.
Es seca, implacable, egoísta y obstinada, pero a medida que va ascendiendo, sus miedos e inseguridades irán desmadejándose, en parte gracias a la intervención de algunos de los variopintos personajes con los que se encontrará en este viaje de autodescubrimiento.
El problema es que Cairn no termina de rematar ese buen desarrollo de personaje. Para cuando el juego acaba, queda en el aire una reflexión final sobre Aava y todo lo que ha vivido (aunque el jugador tiene en su mano una importante decisión final). A nivel puramente emocional, el cierre es realmente potente y hasta pirotécnico, pero no termina de apuntalar el arco de evolución de su personaje principal.
Aún así, Cairn dibuja un mundo apasionante que descubrir, pese a que no sea necesario. Cairn habla sobre la empatía, la soledad y los miedos más profundos del ser humano, ofreciendo una experiencia que es una hermosa carta de amor a la espiritualidad de la montaña y a la cultura de la escalada.
Y es que, si te gusta mínimamente el montañismo y lo que implica este fascinante deporte, te sentirás arropado por el inmenso cariño que el juego desprende hacia el misticismo de las más altas cumbres y hacia ese impulso de tratar de llegar un poco más lejos, un poco más alto.
El gameplay de Cairn, una fiel recreación de la escalada
Cairn persigue la recreación fiel de la escalada. Sin embargo, pese a que, por momentos, apuesta por la simulación, también se toma alguna que otra licencia creativa y algo más imaginativa. Recrear este deporte en un videojuego no es una tarea sencilla. Hay títulos como The Climb que lo han intentado en el formato de realidad virtual, pero Cairn logra situarse por delante sin renunciar a un componente más fantasioso y reflexivo.
A los mandos, Aava se convierte en una especie de muñeco de trapo. Una vez empiezas a trepar, el sistema de escalada de Cairn te permite ir controlando cada una de sus extremidades por turnos. Primero un brazo, luego la pierna derecha, la izquierda, luego el otro brazo… El jugador decide donde colocar cada mano y cada pie, ya sea siguiendo un orden automático (el juego detecta cuál es la extremidad apropiada) o de una forma completamente manual si deseas una experiencia menos «dirigida».
Lo bueno es que Cairn también tiene en consideración la pared. Es decir, en Jusant siempre encontrabas presas marcadas, pero aquí debes buscar las grietas, los salientes y las hendiduras de la roca. Quien haya escalado detectará al instante el gran trabajo de recreación que se hace en este aspecto. Es extraordinariamente meritorio lo que se ha conseguido.
Si no agarras bien un saliente, tienes los pies muy abajo o estás en un equilibrio precario, resbalarás o caerás y siempre irás perdiendo fuerzas. Debes relajar los antebrazos cada cierto tiempo, tener en cuenta el desplome de la vía, el tipo de roca y hasta el clima, ya que si llueve, la pared se volverá resbaladiza.
Por otra parte, la gestualidad de la escalada se refleja de una manera muy verosímil en todas las acciones que realizas con Aava. Por ejemplo, el juego detecta cuando estás tirando de antebrazo más de la cuenta recreando el famoso tembleque de «arrancar la moto».
Y hay movimientos como una bicicleta, un mantle o llevar el talón a una presa natural que impresionan por su nivel de parecido con la escalada real. El equilibrio es clave y siempre impacta de una manera muy similar a como sería en una pared.
Cierto es que hay algunas animaciones erráticas, con caídas extrañas o directamente imposibles que te sacan un poco del juego, pero logra justificarlas, en cierta medida, dejando claro que Aava es una super escaladora que lograría dejar en ridículo hasta a Janja Garnbret. Insisto en que son concesiones y pequeños fallitos técnicos que se perdonan.
Además, Cairn introduce otros conceptos de la escalada y los convierte en piedras angulares de su gameplay. Llegaremos a escalar en hielo con crampones y piolet, si utilizas magnesio ganas agarre, hay que autoasegurarse clavando pitones (que debes gestionar muy bien), debes controlar la extensión de la cuerda (suministrada por un pequeño robot), puedes llegar a pegarte vuelos que te dejarán herida si te golpeas contra la pared y puedes montar un rápel para explorar otras zonas de la montaña.
Por ende, si vas en escalada libre sin cuerda o «free solo», caer de una altura considerable supondrá la muerte y tendrás que iniciar el ascenso desde la última zona de vivac en la que estuviste. Así que esa tensión por no ceder se convierte en una inyección de adrenalina constante. No puedes estar chapando cada cinco metros porque hay largos y vías realmente prolongadas, así que debes gestionar muy bien tus recursos.
Y estos no son solo tu fuerza, tus pitones autoenrroscantes o tu cuerda. The Game Bakers introduce pequeños sistemas de supervivencia en Cairn. Aava porta un macuto de unas dimensiones sobrehumanas (otra pequeña concesión creativa) en la que debes llevar medicinas, ingredientes y mucho líquido. Con estas provisiones controlas tu salud, hambre, sed y temperatura corporal, porque también debes tener muy en cuenta las condiciones climáticas.
Hay momentos que te atrapan por completo. No es lo mismo escalar sin viento y con buena visibilidad, que cuando se te echa la noche encima. He vivido situaciones extremadamente complejas porque me he confiado demasiado pensando que me daba tiempo a terminar un largo antes de que se pusiera el sol. La previsión, tan importante en el alpinismo, también está muy bien representada en Cairn.
Cuando acampes debes cocinar en un pequeño camping gas, dormir e incluso vendarte las heridas de los dedos para mejorar tu agarre. En las cascadas y manantiales rellenas tus cantimploras y puedes encontrar suministros en las mochilas de los alpinistas que nunca lograron su objetivo o explorando los vestigios de la civilización que habitó las cuevas del monte Kami. Todo está bien medido para entregarte lo que necesitas, pero no te despistes.
Todo esto forma un conglomerado realmente potente, que queda redondeado por una atmósfera cautivadora gracias a un apartado visual muy atractivo y a una banda sonora que sabe golpear en el momento justo. Solo las caídas en la tasa de frames en momentos puntuales y que a veces el juego no detecta bien ciertas superficies horizontales pueden sacarte de una jugabilidad muy inmersiva.
El nivel de dificultad de Cairn
Cairn es un juego desafiante en no pocos momentos, aunque nunca llega a alcanzar el grado de tedioso o injusto. Y es que una de sus grandes virtudes es permitir que el jugador decida hasta qué punto desea complicar su ascensión por el Kami.
No hay una única ruta que recorrer. Por tanto, el grado de las vías y tus elecciones afectan directamente al reto que tienes por delante. En algunas ocasiones, el juego marcará las rutas y en otras serás quien deba estudiar la pared y trazar cuál es el camino más óptimo.
Y es que la supervivencia, también afecta en gran medida a la experiencia. Pese a que Cairn ofrece recursos de sobra, no siempre te organizarás de la mejor forma posible… Y aquí es donde el juego empieza a ponerse más exigente e inmersivo.
Porque uno de mis mejores recuerdos con el juego nace de una situación extrema. Cuando parece que tienes todo en contra, es justo cuando más destaca y convence este título. De la incomodidad nace una profunda conexión con todo lo que trata de recrear.
Además, es posible reducir o aumentar la dificultad de Cairn. En total, el juego cuenta con tres modos. El fácil tiene control asistido y guardado automático y el difícil no te permite llevar cuerda. Marcarse un «free solo» es una de las experiencias más tensas que vas a vivir.