Análisis de Nioh 3: Team Ninja forja su mejor katana, un juegazo digno del sogún
Jugabilidad y gameplay de Nioh 3 en PS5 y PC
Como sus predecesores, Nioh 3 nos invita a viajar hasta el pasado de Japón, mezclando acontecimientos históricos con la fantasía propia del folclore japonés. De esta manera, nos ponemos en el papel de Takechiyo Tokugawa, nieto de Ieyasu Tokugawa, justo antes de convertirse en el tercer sogún de la dinastía Tokugawa.
Pese a interpretar a una figura histórica, podemos personalizar la apariencia del (o la) protagonista con uno de los editores más completos que hemos visto en mucho tiempo. Por poder, podemos incluso alterar la postura que adopta nuestro personaje cuando tiene las armas enfundadas… o el tipo de ropa interior que viste cuando nos bañamos en las aguas termales.
Además de aspirante a sogún y amante de la pintura, Takechiyo destaca por ser un habilidoso guerrero, tanto en las artes samurái… como en las técnicas ninja.
Esa es la gran novedad de Nioh 3: en cualquier momento y, con tan sólo pulsar un botón, podemos cambiar entre el estilo samurái (el habitual de los anteriores Nioh) y el estilo ninja, cada uno con su propia jugabilidad, habilidades y equipo.
A efectos prácticos, esto significa que controlamos a dos personajes bastante diferentes al mismo tiempo.
El ninja, como cabía esperar, se centra en la agilidad y la evasión. Puede atacar y moverse a la velocidad del rayo, es especialmente hábil en el combate aéreo y la acción R1 consiste en una esquiva que se puede encadenar con los ataques y no consume ki. Es un estilo centrado principalmente en esquivar, en lugar de bloquear.
Además, puede utilizar las técnicas ninjutsu, que consisten en armas arrojadizas como shuriken y kunai, trampas como el makibishi, ataques elementales como una bocanada de fuego…. Cada ninjutsu actúa como un objeto consumible, con la diferencia de que se reponen al realizar ciertas acciones, por lo que se nos invita a sacarles partido sin miedo.
El samurái, por su parte, también ha aprendido varios trucos nuevos. En los anteriores Nioh ya era un estilo de juego pensado para bloquear, pero en Nioh 3 se ha implementado un desvío (parry) que, además de ser clave al jugar con el samurái, es tremendamente satisfactorio en su ejecución. El efecto visual y el sonido al ejecutarlo con éxito es orgásmico. Tiene poco que envidiar a Sekiro.
Además, al atacar y bloquear se va llenado el medidor de dominio de artes y, un vez al máximo, el siguiente ataque fuerte o arte marcial que realicemos gana en potencia y no consume ki. Lo mejor de todo es que a continuación podemos realizar otro ataque fuerte o arte marcial para que disfrute de los mismos efectos, de manera que si somos hábiles podemos crear una cadena de golpes letales.
Además, el estilo samurái conserva en exclusiva dos mecánicas que son seña de identidad de Nioh: puede alternar entre tres posturas de combate (baja, media y alta), cada una con su propio set de movimientos y habilidades, y usar el pulso de ki presionando el botón R1 justo después de atacar para recuperar energía.
Por si todo eso no fuera suficiente para marcar las diferencias entre ambos estilos, el samurái y el ninja también tienen acceso a armas diferentes.
El samurái puede usar katanas, katanas dobles, lanzas, hachas (y martillos), odachis, gujas alternadas y puños, mientras que el ninja puede usar espadas ninja, espadas ninja dobles, kusarigamas, tonfas, hachuelas, varas dobles y garras. Es decir, siete armas por personaje que hacen un total de 14 armas diferentes.
Y no hay palabras para expresar la locura que supone esto, pues mientras que en otros soulslike cada tipo de arma cuenta con distintos movimientos, en Nioh 3 cada arma es un estilo de juego completamente diferente, con su propio árbol de habilidades desbloqueable y combinaciones de botones personalizables.
Estamos hablando de un nivel de profundidad jugable absolutamente absurdo. La cantidad de opciones a nuestra disposición llega a ser abrumadora. En este aspecto, no hay NINGÚN soulslike de NINGÚN otro estudio que se le acerque.
La única pega que le puedo encontrar al combate es que la jugabilidad del ninja, al no tener diferentes posturas, es más simple que la del samurái. Esto tiene un efecto secundario negativo sobre las armas exclusivas del ninja, pues algunas como las tonfas o las hachuelas contaban con un mayor repertorio de movimientos en las entregas previas. Pero no deja de ser una queja menor, pues insisto en que la variedad de armas y ataques de Nioh 3 no tiene rival.
Y el propio juego nos invita a alternar entre ambos estilos de una forma muy inteligente. Si jugasteis a la segunda entrega, recordaréis que se introdujo el contraataque yokai, una habilidad que debíamos utilizar para evitar los ataques enemigos caracterizados por un aura de color rojo.
Pues bien, en Nioh 3 se ha sustituido el contraataque yokai por el contragolpe. Esto es: pulsar el botón de cambio de estilo (R2 en PS5) en el momento adecuado. Si lo hacemos bien, el enemigo queda a nuestra merced durante unos breves segundos y su ki se reduce.
Ahora bien, nada nos impide volver a pulsar el botón para recuperar el estilo que estábamos usando. En otras palabras: no estamos obligados a jugar con el samurái ni con el ninja; es una mera preferencia.
Pero, personalmente, me lo he pasado genial alternando continuamente entre ambos estilos y descubriendo qué funcionaba mejor con cada enemigo. Al principio tendía a gravitar más hacía el samurái por ser lo que mejor conocía, pero le he acabado cogiendo el gusto al ninja porque no deja de ser como jugar con Ryu Hayabusa (izuna drop incluido). Y eso siempre es una gozada.
Independientemente del estilo que más nos guste, el viaje de Nioh 3 nos lleva a través de cuatro períodos de la historia de Japón: Edo, Sengoku, Heian y Bakumatsu. El hecho de saltar a través del tiempo es la excusa para otra de las grandes novedades de Nioh 3: los open fields (literalmente: campos abiertos).
Tiene gracia, porque desde Team Ninja han insistido en que esto no quiere decir que sea un juego de mundo abierto. Y tengo que darles la razón: no es un mundo abierto, son VARIOS mundos abiertos.
Y mola mucho cómo está planteado, porque en lugar de un mundo abierto «explanada», es más bien como si hubiesen cogido varios niveles tradicionales de los juegos previos y los hubiesen «pegado» para crear un meganivel gigante. Se puede apreciar claramente, pues cada open field está a su vez dividido en distintas regiones.
Y lo cierto es que este enfoque funciona de fábula, porque los mapas de Nioh 3 siguen teniendo un excelente diseño de niveles. Son enrevesados, hay múltiples rutas, caminos secretos y atajos… Y, sobre todo, alturas.
Porque dado que en Nioh 3 se puede saltar, moverse por los tejados y escalar superficies viene muy bien para ganar una ventaja táctica. Y lo mismo se puede decir del sigilo, pues también se ha añadido la posibilidad de agacharse para pillar a los enemigos por la espalda con mayor facilidad.
La exploración de los niveles también está muy bien planteada, pues por lo general se nos marca un objetivo en el mapa y podemos llegar hasta él cuándo queramos y cómo queramos.
Ahora bien, si vamos directos y sin entretenernos demasiado, lo más probable es que nos metamos en regiones con enemigos que nos superan en nivel. Los jugadores más hábiles seguramente podrán apañárselas, pero para el resto de mortales la mejor opción es explorar.
Esto se debe a que, siguiendo la línea de Wo Long