Ray-Ban Meta: empleados en Kenia pueden estar viendo las fotos y videos que haces con tus gafas

Poco ruido para la gravedad del asunto
Las gafas Ray-Ban Meta han comenzado a causar más de un dolor de cabeza a la compañía. Estas gafas, muy populares por su capacidad para realizar vídeos con absoluta comodidad, integran la inteligencia artificial Meta AI, que se promociona como un asistente «todo en uno». Este asistente ofrece funcionalidades que van desde servir de manos libres, realizar traducciones en tiempo real, actuar como guía de viaje o incluso asistir en tareas laborales. Sin embargo, todo ello se encuentra acompañado de una promesa implícita de que el usuario mantiene el control sobre su privacidad, algo que, lamentablemente, no es del todo cierto.
La investigación que destapó la realidad
Una investigación conjunta realizada por Svenska Dagbladet (SvD) y Göteborgs-Posten (GP), publicada el 27 de febrero, ha revelado una realidad bastante más incómoda de lo que sugiere la publicidad de las Ray-Ban Meta. Este artículo busca darle la visibilidad necesaria a esta problemática.
La privacidad comprometida: la situación en kenia
Fue en Nairobi, Kenia, donde se inició el drama en torno a la privacidad de las gafas Ray-Ban Meta. Los periodistas se reunieron discretamente con trabajadores vinculados a la cadena de suministro de datos que alimenta la inteligencia artificial. Según los testimonios de estos empleados, parte del material que les llega para revisión o etiquetado incluye escenas altamente privadas, como personas en el baño, cambiándose de ropa, desnudos, o incluso escenas de sexo y datos bancarios captados por error. La sensación descrita por los trabajadores es la de estar observando, por obligación laboral, «dentro de casas ajenas», con la sospecha de que muchos de los grabados no son plenamente conscientes de lo que la cámara está registrando cuando interactúan con la IA.
El proceso de manejo de datos
En las oficinas de Sama, una subcontrata relacionada con Meta, existen equipos de anotadores de datos que realizan el trabajo manual necesario para convertir vídeos, imágenes y audios en datos útiles para entrenar y ajustar modelos. Estos trabajadores etiquetan objetos en fotogramas, trazan contornos, validan descripciones, revisan transcripciones y comprueban si el asistente ha respondido correctamente a las preguntas reales realizadas por los usuarios. Todo este trabajo se realiza bajo estrictos acuerdos de confidencialidad y con medidas internas anti-filtración, precisamente porque el material puede ser sensible.
El uso cotidiano y la falta de transparencia
Para conectar esta información con el uso cotidiano de las gafas, SvD y GP visitaron diez tiendas en Estocolmo y Gotemburgo donde se venden las Ray-Ban Meta. Allí, «interrogaron» a los dependientes sobre el destino de los datos. Las respuestas obtenidas fueron diversas: desde tranquilizadoras y contradictorias hasta otras que denotaban un desconocimiento total («todo se ejecuta de manera local», «no se comparte nada con Meta», «no sé a dónde va la información»).
La prueba de uso y la realidad del procesamiento de datos
Los periodistas compraron unas gafas y realizaron una prueba rechazando en la app la opción de compartir «datos extra» para mejorar productos Meta. Sin embargo, el uso de la IA requiere internet y, al analizar el tráfico, observaron comunicaciones frecuentes con la infraestructura de Meta, situada en servidores de Suecia y Dinamarca. La conclusión fue clara: la IA no funciona como algo puramente local en el móvil. Para interpretar lo que «ven» las Ray-Ban y responder, se realiza un procesamiento de datos a través de sistemas de Meta.
La letra pequeña y el control del usuario
Según los investigadores, aquí entra en juego el texto legal, esa letra pequeña que usualmente aceptamos sin leer. Los documentos indican que, aunque inicialmente el usuario puede tener la sensación de controlar ciertas grabaciones de voz, permitiendo que solo se guarden para mejorar o entrenar la IA si así lo acepta, para que el asistente funcione, la voz, texto, imágenes y a veces el vídeo deben procesarse y «pueden compartirse». Este procesamiento no es opcional, y los términos contemplan revisiones de interacciones que pueden ser tanto automatizadas como humanas.
El problema de la transparencia y el consentimiento
Una abogada de protección de datos de NOYB, una organización con varios litigios contra Meta, argumenta que existe un problema de transparencia. Según ella, el usuario puede no percibir con claridad cuándo las Meta Ray-Ban comienzan a grabar al invocar el asistente, y sostiene que sería necesario un consentimiento explícito si esos datos acaban ayudando a entrenar la IA. Además, advierte que una vez el material entra en Meta AI, el control real del usuario sobre los usos posteriores se diluye.
La perspectiva de los expertos y las consecuencias legales
Desde Suecia, un especialista de la autoridad de privacidad (IMY) subraya que mucha gente no imagina lo que ocurre entre bambalinas, y que el valor está en los datos extraíbles de la vida diaria, utilizados para perfilar y dirigir servicios y publicidad con gran precisión. Fuentes que trabajaron en Meta, citadas por SvD y GP, afirman que, en teoría, los datos sensibles no deberían acabar en circuitos de revisión para entrenamiento. Sin embargo, en la práctica, una vez las Ray-Ban Meta están en manos del usuario, se graba todo tipo de situaciones. Añaden que el sistema intenta anonimizar los datos, por ejemplo, difuminando caras, pero los algoritmos fallan, especialmente con iluminación complicada. Los anotadores en Kenia afirman que esa protección no siempre funciona como se espera.
La respuesta de meta y el marco legal europeo
Finalmente, los periodistas preguntaron a Meta sobre el origen de estos vídeos, los filtros o cómo se audita la red de subcontratadas. Tras varias semanas, Meta respondió con un correo electrónico que no ofrecía detalles, invitando directamente a los periodistas a leer los términos y políticas que se activan al utilizar unas Meta Ray-Ban. Paralelamente, el reportaje se adentra en el marco legal europeo, específicamente bajo el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD/GDPR). Se cuestiona si Meta, a través de su entidad europea, es responsable del tratamiento de esta información o si tiene obligaciones sobre su transferencia a terceros países, además de garantizar protecciones equivalentes cuando intervienen estos proveedores.
Las acciones de la autoridad irlandesa de protección de datos
La investigación ha llegado a la Autoridad Irlandesa de Protección de Datos, que ha preguntado a Meta sobre si las grabaciones de usuarios de la UE, con sus gafas Meta Ray-Ban, se están enviando a Kenia. Además, varios eurodiputados han solicitado a la Comisión Europea medidas para garantizar el cumplimiento del GDPR en cuanto al consentimiento y la transferencia de datos fuera de la Unión Europea. Será necesario esperar para conocer el desenlace de esta situación.