Menú Cerrar

Análisis de The Rogue Prince of Persia, el «Dead Cells of Persia» que pone más el foco en los saltos que en la acción


El príncipe de siempre, en una Persia muy distinta

Como en otros muchos juegos del género, la historia es una mera excusa para dar el pistoletazo de salida. El reino de Persia se ve atacado por las hordas de hunos. Su general, Nogaï, parece usar algún tipo de magia que le confiere un poder brutal, seguido por un ejército que actúa de manera implacable… y que hace caer Persia rápidamente.

En un intento por poner fin a la contienda, el Príncipe se enfrenta a Nogaï, pero lejos de vencer, muerde miserablemente el polvo. Lo inesperado es que, a pesar de las heridas, el Príncipe no muere y vuelve a la vida misteriosamente.

Un misterioso personaje enmascarado, conocido como Paachi (no tiene nada que ver con el nombre vasco), nos explica que se debe al amuleto que llevamos en el pecho. Y a partir de ahí, iniciamos nuestro viaje de «venganza» para poder derrotar al general y sus tropas.

De este modo, en sucesivas runs vamos conociendo a nuevos personajes, algunos se refugian en nuestro Oasis o campamento y nos ofrecen sus servicios, como el armero y el desbloqueo de armas; otros nos pueden pedir «encargos» o misiones dentro de los niveles, habitualmente encontrar un objeto (como un libro) o abrir una puerta.

En este sentido, y por decirlo de algún modo, aunque siempre vamos teniendo interacciones nuevas, desde el punto de vista narrativo quiere recordar a otros roguelites como Hades II, aunque resulta bastante más simplón, y con diálogos menos ingeniosos… No hay que olvidar que lo estamos comparando con uno de los candidatos al GOTY de 2025 e igualar su elevadísima propuesta es muy, muy complicado.

Una jugabilidad bastante familiar, con un detalle innovador

A nivel jugable me pasa algo parecido. Todo me resulta demasiado familiar al juego del que viene Evil Empire Studio: muchas cosas, quizá demasiadas, recuerdan a Dead Cells. Eso sí, a una versión más amigable del juego de Motion Twin, que quizá lo haga ideal para introducirse en el género roguelite para Nintendo Switch y Switch 2.

Podemos equipar dos armas (normalmente, una cuerpo a cuerpo y otra a larga distancia, que varían sensiblemente la forma de jugar) y vamos desbloqueando nuevas herramientas; los escenarios se generan procedimentalmente, vamos desbloqueando biomas al avanzar, hay jefes finales… incluso equipamos amuletos con habilidades pasivas, como que cada patada añada efecto aturdidor y «pegamento» al suelo.

Si le has echado bastantes horas a Dead Cells, lo cierto es que vas a sentirte como en casa en más de un sentido. Lo único que realmente se diferencia de esa propuesta es, precisamente, lo que hacía únicos a los juegos de Prince of Persia. La parte del plataformeo y los saltos.

Sí, el príncipe puede pelear cuerpo a cuerpo con armas como dagas, mazos, lanzas, espadas o usar arcos, ganchos para atraer a los enemigos, esquivarlos saltando por encima de ellos o incluso darles patadas para tirarlos por salientes.

Y eso sin olvidar que puede recoger distintos tipos de moneda para comprar mejoras, explorar los escenarios para encontrar distintas salidas que conectan con otros biomas… pero la forma en la que recorremos los niveles se siente distinta.

Aquí es donde entran las raíces del personaje: podemos correr por las paredes (por el fondo del nivel, y para ello tenemos un botón dedicado), encadenar saltos para superar una zona con vigas de madera, balancearnos, subir por mástiles… etc. Incluso podemos ganar un «boost» de velocidad sin rellenamos una barra encandenando acrobacias.

Es decir, el juego incentiva que te muevas rápido y de manera ágil, algo que al principio te costará un poco, pero que poco a poco se va convirtiendo en algo más natural. No se trata de pasar de nivel a la velocidad del rayo, sino de explorarlos y moverte por ellos «con estilo».

Y si los exploras hasta el último rincón, irás descubriendo sus secretos, encontrarás nuevos personajes que pueden encargarte misiones, encontrar amuletos y más…

Y tranquilo, que si mueres, volverás al campamento, desde donde siempre podrás acceder a algunos de los niveles que hayas desbloqueado, usar algún arma nueva, conseguir habilidades permanentes con las subidas de nivel que vayas consiguiendo, etc.

No obstante, ten en cuenta que, en cada run o recorrido, podrás visitar un máximo de 5 escenarios o biomas distintos (en total hay 9), y enfrentarnos a un total de 3 jefes.

Se puede decir que, en términos de contenido, va algo más justo que Dead Cells, aunque sería injusto no reconocer que el juego de Motion Twin creció de manera considerable con el tiempo, no de lanzamiento.

Un gran estilo artístico, con algunos «peros»

A pesar de contar con 9 biomas, lo cierto es que la sensación de «diferenciación» entre ellos queda en un segundo plano. Apenas de cambios, más allá de la paleta de colores y la atmósfera o la inclusión de algún detalle, como rampas por las que nos deslizamos. No hay diferencias gigantescas entre unos y otros en términos de mecánicas o elementos únicos, y eso contribuye a que el juego «canse» antes.

En ese sentido, también influye la escasa variedad de enemigos, que se repiten a menudo, con variantes como un «escudo» más fuerte, que requiere más golpes para poder ser derrotados.

Es algo doblemente doloroso, porque el juego, visualmente, entra por los ojos, con su estilo cartoon y colorido despliegue, que empapa tanto a los personajes como los escenarios.

Además, en Nintendo Switch 2, donde he jugado para este análisis de The Rogue Prince of Persia, se mueve a unos constantes 60 fps, y diría que a 4K (puede ser reescalado) en modo dock, y 1080p en modo portátil. Lo cierto es que se ve muy bien (he jugado más en modo portátil que en modo TV, la verdad).

Tampoco se le puede poner ni un pero a la banda sonora, empezando por el tema cantado que nos recibe en el menú principal como las piezas que van amenizando cada recorrido. Es una delicia.

Pero no todo podía ser perfecto. Los tiempos de carga al cambiar de bioma se me han antojado bastante largos, entre 20 y 30 segundos, que es más que en otras versiones del juego. La vibración tampoco me parece que ofrezca demasiados matices.

Por último, aunque todo suele funcionar bastante bien, no miento si digo que he tenido algunos cuelgues que me han obligado a cerrar y volver a iniciar el juego (por ejemplo, al cambiar de nivel, se ha quedado cargando hasta el infinito).

Duración y dificultad de The Rogue Prince of Persia