Menú Cerrar

Quizá no seas fan de Torrente. No pasa nada. Puede que aun así disfrutes… y bastante

Video preview

Ver el perfil de Roger en Linkedin Roger Casadejús Pérez
Full stack web developer y SEO + miembro del blueteam en ciberseguridad web


Quizá no seas fan de Torrente. No pasa nada. Puede que aun así disfrutes… y bastante.

Un personaje polémico

No soy, ni he sido nunca, fan de Torrente. El personaje me resulta ajeno. Su humor grosero, su incorrección política constante y su estética deliberadamente incómoda no conectan especialmente conmigo. Sin embargo, hay algo que resulta innegable: cuando Santiago Segura se pone detrás de la cámara y del guión con Torrente, saca lo mejor de sí mismo.

Torrente Presidente: una comedia directa

Torrente Presidente es una comedia directa, de la que te hace reír sin complejos. Aquí, Segura demuestra un dominio del ritmo cómico que no siempre se le reconoce en el mundillo. Es cierto que el público tiene otra percepción. La película avanza sin descanso, encadenando situaciones absurdas. En su segunda mitad, hay persecuciones, tiroteos y, por supuesto, sangre.

El guión de esta película desborda inteligencia narrativa. No es solo un desfile de chistes; hay un hilo conductor que, aunque a veces se pierda entre risas, mantiene al espectador atento.

Un análisis certero de la política española

Pero hay algo más, y quizá ahí reside parte de su acierto. Torrente Presidente tiene la capacidad de hacer un análisis —grueso, sin matices finos, pero sorprendentemente certero— de la política española. No pretende ser sátira sofisticada ni análisis profundo. Ofrece una caricatura reconocible, cercana a la realidad. Y, lo más importante, comprensible para cualquiera.

No exige bagaje político ni intelectual. Juega en el terreno de lo evidente, de lo que todo el mundo intuye o comenta en voz baja. Esa mirada, simplificada pero eficaz, conecta con un público amplio porque traduce la complejidad política en códigos accesibles.

Entretenimiento sin pudor

Además, la película abraza sin pudor el espectáculo. Hay sangre, acción, exageración y, sobre todo, un sentido del entretenimiento muy claro. Lo más interesante es que, incluso para quienes no conectamos con el personaje, la experiencia funciona.

Porque más allá del personaje Torrente, lo que hay es cine comercial bien hecho. En un mundo donde las expectativas son diversas, la propuesta de Santiago Segura se sostiene.

La esencia del cine comercial

Al final, eso es lo que queda. Sales del cine complacido. La sensación de haber pasado un buen rato es innegable. Has reído —de verdad— y asistido a una película que, sin complejos ni pretensiones, cumple con creces su objetivo.

Quizá no seas fan de Torrente. No pasa nada. Puede que aun así disfrutes, y bastante, de lo que Santiago Segura sabe hacer cuando juega en su terreno. Porque entretener, y al mismo tiempo lanzar un espejo deformado pero reconocible de la realidad que nos rodea, es un arte que pocos dominan.

Conclusión abierta

El cine tiene la capacidad de unir a las personas, incluso a aquellas que tienen opiniones encontradas. En este caso, Torrente logra ese efecto. A pesar de las diferencias en gustos, ofrece un espacio donde todos pueden reír. Esa universalidad, en medio de la incorrección política y del humor grosero, es un valor que hay que reconocer. Santiago Segura ha creado un fenómeno que trasciende la simple admiración por un personaje. A veces, el humor se convierte en un reflejo de nuestra sociedad, aunque sea a través de una lente distorsionada. ¿Quién dice que no se puede disfrutar de una comedia que juega con esos extremos, a pesar de no ser un fan incondicional? La respuesta, a menudo, radica en la simple voluntad de dejarse llevar por la risa.